Rompiendo estereotipos en Educación Parvularia

A pesar del reconocimiento que gradualmente ha ganado la educación parvularia y la importancia que se le ha otorgado a las educadoras como agentes cruciales para una educación de calidad, existen muchos prejuicios aún vigentes en la sociedad, que vienen desde los inicios de la educación preescolar formal – a principios del siglo XX – y que contribuyen a una desvalorización de la profesión.

Algunos de estos estereotipos o pejuicios son:

1. Las educadoras tienen que sustituir a la madre de los niños: Se asume que el rol de las madres es indispensable para que los niños crezcan y se desarrollen sanamente. Cuando la madre está ausente, son las educadoras quienes asumen este rol y deben reemplazar a la madre en todos sus quehaceres. Este entendimiento conlleva dos grandes problemas: en primer lugar se entiende que la educadora tiene que ser una mujer (estereotipo sexista) y además, se necesita poco o nada de educación formal para poder cumplir este rol. Se piensa que es algo “inherentemente femenino” y no es necesario estudiar o tener una profesión para “cuidar niños con amor”. Aún más, al entenderse como un trabajo “fácil y  natural”, se asume que el pago debe ser muy poco o nada (en muchos países quienes se encargan del cuidado de los niños son mayoritariamente mujeres que trabajan voluntariamente, sin recibir dinero a cambio)

2. La educación parvularia requiere mayormente de habilidades manuales y otras destrezas de fácil adquisición:  Es muy recurrente, al menos en Chile, que este tipo de prejuicios comiencen cuando las alumnas de educación parvularia empiezan su educación profesional. En este contexto son muy comunes los dichos de otros estudiantes como “la carrera de párvulos es muy fácil, los cursos más difíciles son Papel Lustre I y Tijeras II”. Estos estereotipos, además de ser incorrectos, perpetúan la idea de que el trabajo con niños requiere baja remuneración y tiene menor importancia que otras profesiones. Además, infantilizan la profesión, es decir, se favorece o mantiene una imagen infantil del adulto.

Por qué crees que ocurre esto? Qué otros prejuicios existen sobre nuestra profesión?

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