Dejarlos jugar… ¿juego libre o planificado?

Cada vez con más frecuencia se habla de la importancia del juego para el aprendizaje. Numerosas investigaciones en neurociencias han revelado que gracias al juego el cerebro se va construyendo de manera más flexible y esto permite mejores aprendizajes en el futuro (Lester & Russel, 2008).

Los beneficios del juego en el desarrollo cognitivo y social han sido bastante documentados; sabemos que los niños que juegan frecuentemente desarrollan mejores habilidades de memoria, lenguaje, y son capaces de regular mejor su comportamiento.

Pero… ¿Qué significa jugar? ¿Todos los tipos de juego tienen estos beneficios?

Existen visiones contradictorias sobre cómo debería ser el juego que los niños desarrollen en el jardín infantil. Muchos dicen que este tiene que ser planificado y diseñado para que ocurra cierto tipo de aprendizaje, es decir, que tenga un propósito definido.

Según las orientaciones que se dan en el Reino Unido a las educadoras sobre este tema, los ambientes de juego exploratorio para los niños debieran tener materiales “efectivos”, escogidos cuidadosamente para que sean desafiantes cognitivamente.

Sin embargo, otros consideran que esta planificación es limitante, ya que los resultados que se obtienen están predeterminados, sin dar espacio a la imaginación, la creatividad y lo inesperado. Estos autores definen el juego como una actividad de elección propia (es decir, que los niños puedan escoger a lo que juegan), donde toman riesgos, sienten placer, demuestran un interés genuino y pueden compartir con otros.

Algunas veces este tipo de juego es llamado “juego libre”, y está muy relacionado con las emociones, lo que hace que los aprendizajes que ocurran a partir de éste sean más duraderos e importantes para los niños. Jugar libremente significa trepar árboles, correr, desordenar, ensuciarse, inventar cosas, usar los sentidos, explorar.

Un autor llamado Marc Armitage argumenta que siempre, siempre, ANTES del aprendizaje, debe ocurrir el juego libre.

Las Bases Curriculares de la Educación Parvularia definen dentro de sus principios pedagógicos el “principio del juego”, que enfatiza el carácter lúdico que deben tener las situaciones de aprendizaje. El juego, definido como un proceso y no un medio, permite abrir posibilidades para “la imaginación, lo gozoso, la creatividad y la libertad” (página 17).

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